blog para publicar textos, imágenes, sonidos al que se podrán sumar otros elementos de variété
31 de julio de 2010
CARTA DE FAVALORO ANTES DE SU MUERTE
29 de julio de 2010
INSTINTO
22 de julio de 2010
MUNDO MAGICO
21 de julio de 2010
La medicina y las zapatillas
17 de julio de 2010
VERGÜENZA ¿AJENA?
5 de marzo de 2009
Historia de una hormiga distraída (cuento para Lolita cuando se cayó y se lastimó un dedo)
2 de mayo de 2008
100 AÑOS, 20 AÑOS
Asombrándome de que estos espacios virtuales puedan ser nombrados con una palabra que denota lugar. ¿Son realmente tan virtuales? ¿O tienen una existencia en nuestras emociones que los eleva a la categoría cuasi-física de espacio?
Vengo de otro lugar virtual, de la página web del centenario de Guatraché y el recorrido está plagado de sensaciones.
Comienzo por el principio: Guatraché es mi pueblo natal y el lugar en el que viví hasta los 18 años, es decir mi infancia y adolescencia, donde supe tener amigos que aún conservo y un grandes historias de des/amor.
Hace un par de semanas, el pueblo cumplió un siglo de vida, y se hicieron los correspondientes festejos, y digo correspondientes porque a todo pueblo del interior le corresponde tirar la casa por la ventana ante tamaña ocasión. Y así fue.
Lo curioso fue la manera en que repercutió en mi todo este evento, y no el evento en sí, sino el haber estado presente allí.
Yo planeé ir haciendome la canchera con la excusa de encontrarme con mis amigas del secundario y algunos de mis hermanos con sus críos y mi viejo, pero al estar ahí me encontré de golpe con mi pasado, con la mitad de mi vida, con la mitad quizá más decisiva de mi vida, de cara a los recuerdos que yo había archivado en mi memoria con veinte años menos, de repente y sin previo aviso se me escapaban los nombres de la boca de gente que ni siquiera había recordado una sola vez en estos veinte años de ausencia. Era muy impresionante. Era muy duro. Y era maravilloso. Tanto junto.
Y estaba ahí con mi hija Lola: la conjunción del pasado y del futuro. Ésto también era muy todo eso junto.
Y por eso re-recorrer Guatraché y su centenario a través de su página, es ir a un lugar, a un sitio, a un espacio, significado por las emociones y la memoria. Y es también la posibilidad de reencuentros con otros y con uno mismo.
Brindo por eso.
18 de octubre de 2007
LIEBIG
Apartó la chapa con cuidado y metió la cabeza a través de la abertura. Al principio vio solamente la claridad mugrienta de la ventana que flotaba a una distancia imprecisa pero después comenzó a dibujarse la pared altísima que enmarcaba la ventana seguida de las baldosas blancas y negras del tablero de ajedrez del suelo y por último la gigantesca maquinaria de hierro con grandes relojes. De ella indudablemente provenía el ronroneo grave, rítmico y monótono que gradualmente fue tornándose audible.
Levantó la vista y reconoció las gruesas cadenas con sus guinches pendiendo de la viga que atravesaba el ancho interminable del salón recortadas sobre la luz que provenía de la ventana.
No había dudas: eso era Liebig. Lo que no podía imaginarse era cómo él estaba allí, en el viejo frigorífico.
Lo último que recordaba eran sus huesos postrados en la cama, los dolores en los huesos, la morfina, el dulce alivio momentáneo del dolor, los huesos, el dolor, la morfina, el alivio otra vez, el ciclo invariable de la agonía...
Tras la cabeza metió el cuerpo y comenzó a recorrer el salón, mientras asombrado veía aparecer ante sus ojos, cada vez con mayor nitidez, las imágenes de sus antiguos compañeros de sector. Allí estaban. El Tano y Freire ajustando las válvulas de salida del vapor, Rolando controlando los registros de temperatura, García haciendo correr las cadenas a lo largo de la viga para trasladar la carga de peso descomunal de una punta a la otra, el Ruso Virsky y también Costa. Allí estaban, con los uniformes blancos, en Liebig.
El trabajo era extenuante. Los hombres pasaban del frío al calor extremos, iban de la cámara frigorífica a los hornos de cocción al vapor, cargaban las reses congeladas sobre sus hombros durante jornadas que eran larguísimas. Pero a él le gustaba.
Lo habían hecho su padre y su abuelo. Y como ellos él también había crecido alimentándose con la carne enlatada en Liebig, se había enamorado de una compañera de trabajo, y había comprado la casa donde crió a sus hijos con el crédito que le había dado el frigorífico.
Pero para ellos ya no sería igual.
Después de haber soportado una larga serie de cambios de firma y reconversiones el frigorífico fue cerrado definitivamente. La muerte de Liebig coincidió con el inicio de la enfermedad que lo conduciría a la suya.
Mientras seguía caminando, tuvo la sensación de que casi no necesitaba apoyar sus pies. Tampoco sentía ningún dolor. Y entonces lo comprendió: estaba otra vez en el lugar del cual nunca había querido irse.
Liebig era su cielo.
26 de septiembre de 2007
CORRE, LOLA, CORRE
Y la madre, que soy yo, atrás.
Lolita, inalcanzable la mayor parte del tiempo, excepto cuando quiere mimos.
¿Por qué Lola aquí?
Como es sabido, niños y animales siempre venden. Además, obedezco al principio de la madre moderna, según mi amiga Pía: cuando uno tiene un hijo se pierde todo: la vergüenza, la modestia, la objetividad. ( Y por favor, no digan -"no, a mi no", porque se los aseguro, NADIE, absolutamente NADIE, se salva del estado de obnubilación y pérdida de la capacidad de discernimiento que conlleva la existencia de un hijo).
Yo era de las que no entendía cómo una mujer que tiene un hijo no puede ya mantener nunca más una conversación normal con otra, tanto por el tema insistente y repetido (obviamente, el pequeño monstruo), como por las permanentes interrupciones que el pequeño monstruo se obstina en producir toda vez que su madre habla con alguien por la vía que sea, que no sea él.
Ahora soy de las que entienden...
20 de septiembre de 2007
OVNIS II
5- CINEGRAF